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“La ficción de habitar” La Columna de opinión de Rafael Sarmiento

La columna de Rafael Sarmiento (Escritor y periodista chileno)

Oigo el zumbido tenue del ventilador de este notebook polvoriento, que a veces se reinicia sin previo aviso. Así he perdido varios comienzos de relatos forzados por necesidad económica, cosa que finalmente termino agradeciendo. Evito la vergüenza de esforzarme tanto y le dejo el afán creativo al instinto oportunista que me acompaña en este tránsito de oficio, en el que me valido sin expectativa definida, sin ánimo persuasivo, ni ambiciones exóticas o que aspiren a empatar con las elites supuestamente vanguardistas de la narrativa central chilena, la de Santiago, a la que se les suman los escritores que integran aquella patética corriente “martinrrivista”, que se traiciona a sí misma al olvidar -y, peor aún, ignorar, incluso ofender- la raíz ficcional de la narrativa provincia de la que son oriundos y que abandonan sin asco y con calculadora en mano.

En Santiago debiera ser más fácil conseguir auspicios, contactos, prensa, crítica literaria, bohemia cool, buen whisky, todos, insumos de gestión, cruciales para el desarrollo del imaginario narrativo aspiracional, del que están imposibilitados de escapar y que constituye finalmente una decisión estándar, una meditada operación mercado-literaria, una manera de “ser” “escritor”, escritor chileno, escritor oficial, escritor en serio, de editorial editorial, de esas de verdad, un sello multinacional, ojalá.

Nosotros, acá, en Villa Alemana, estamos atrasados. No hemos evolucionado a esa categoría top, cuociente de esa ciega tradición arbitraria de cromosoma centralista. Acá, en Villa Alemana no hemos cruzado el umbral por donde llegar a ser un escritor chileno oficial. Nosotros estamos recién en una economía literaria nivel “recolectores”. Fumamos marihuana y de la “andina” no más. Nada de cepas auto-florecientes ni de esos cogollos que parecen tutitos de pollo, con ínfimos cristales incrustados en la carne resinosa verde-violeta.

¿Han escuchado algo sobre un tren bala Valparaíso-Santiago? Comprémonos la ficción de que el proyecto se materializará. Hagamos ficción. Más aún, imaginemos que ya está en pleno funcionamiento y que Villa Alemana tiene una estación, una parada. Pensemos en que en media hora podríamos cubrir la distancia entre la capital de Chile y la comuna de los molinos. Agreguemos la plaga inmobiliaria que carcome los cerritos y su vegetación endémica. O sea, no contentos con abandonarnos como pueblo y territorio, ahora vuelven, sin que se les mueva un músculo de la cara, a infestarnos de condominios rascas y feos edificios de departamentos, irrupción evidentemente desmesurada, avasalladora, irrespetuosa, violenta. Invasión territorial que destruye, que desintegra, que descuartiza en miles de fragmentos ese “habitar” que en este pueblo se ha practicado desde que llegaron los primeros inmigrantes europeos y que conforme pasó el tiempo adoptó una orgánica genuina de integración del ciudadano villalemanino con su entorno, con aquella extensión del hogar que ha sido desde siempre el territorio comunal.

Nosotros no calificamos para optar al éxito. Nosotros aún estamos en los tiempos del “habitar”. Nosotros, acá en Villa Alemana, no hemos roto el cascarón en que habitamos. Quedamos pegados en el paradigma del habitar.

Las empresas constructoras están violando nuestro derecho consuetudinario de habitar. Y, para que se comprenda mejor, sepan ustedes, queridos lectores, que la palabra habitar proviene del latín Habitare, frecuentativo de Habere (tener). Frecuentativo quiere decir que la acción se repite reiteradamente. Entonces, entendemos a Habitare como “tener de manera reiterada”. Nosotros, acá en Villa Alemana respiramos un sentido de pertenencia territorial. Estamos acostumbrados a caminar por el medio de la calle, por la línea férrea, por los cerros, transitar por ese territorio que a su vez convive íntimamente con el proceso creativo escritural, de todas maneras, marginal. Marginal, no como la caricaturización fascistoide ordinaria de la pobreza. Marginal como aquello que se ubica en los márgenes, por fuera del canon oficial, lo políticamente correcto, la vanguardia culturosa santiaguina, el arte institucional, el mercado literario.

Se detuvo el ventilador de mi notebook. Ya no se escucha el zumbido de las aspitas luchando contra el polvo y los ácaros. Voy a guardar los cambios, antes de que este computador se reinicie otra vez y me haga perder todo lo escrito. Guardar. Guardar como: La ficción de habitar.

Por Rafael Sarmiento

Escritor y periodista chileno

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